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sábado, 19 de marzo de 2016

La insoportable levedad del ser...

Voy a apropiarme hoy, para el título de la entrada, del titulo de esta novela de Kundera, sin que nada tenga que ver el motivo con el tema de la tal novela, de relaciones sentimentales en cuarteto en un ambiente políticamente represivo, lo que da lugar a desgranar pensamientos y reflexiones por parte del autor.
Lo que es insoportablemente (A VECES) leve (a veces) es la relación médico-paciente.

Y hoy, porque me parece bien hacerlo asi, esta entrada es para desahogarme. Como ya lo he hecho en otra ocasión anterior. A veces hace falta.

Creo que trabajo mucho, y además, no es por echarme flores, creo que trabajo bien. Es mi opinión de mí misma, y además soy consicente de que es compartida por otras personas.

Pero no es eso, ni tener una carrera como dice el alcalde de Cádiz (¡qué eminencia de hombre!) (ironía on) sino ser persona lo primero, lo que hace que merezca respeto y dignidad no sólo en mi vida personal, sino en mi desempeño profesional.
No me parece que vengamos a este mundo a aguantar, ni me parece que una medicina centrada en la persona nos convierta en esclavos ni en seres desechables a los profesionales sanitarios. Los usuarios tienen derechos, pero también obligaciones.

No voy a tolerar gritos, golpes al mobiliario, carreras, manotazos, amenazas, insultos, desprecios o vejaciones por parte de nadie. Me dan exactamente igual las circunstancias personales de cada uno, yo también tengo las mías. El hecho de estar diagnosticado o diagnosticada de una determinada enfermedad no da a nadie derecho a saltarse las mínimas normas de respeto y convivencia. También me da exactamente igual, y esas personas han de someterse como las demás a las normas de mi consulta.
Por tanto, como cuando el motivo ha sido urgente, he sido la primera en correr y dejarlo todo, cuando te digo que te tienes que esperar, te esperas. Numeritos histriónicos más o menos violentos lo único que van a conseguir, como en esta ocasión, es romper la relación médico-paciente por el otro extremo de la cuerda.

Para que se entienda mejor: no confío en usted. No quiero ser su médico nunca más. Voy a hacer todo lo posible para que se le asigne otro médico de familia. No voy a volvera tutearle, ni a admitirle que usted lo haga, ni voy a volver a atenderle si no es en presencia de un acompañante a menos que peligre seriamente su vida. Si no tengo más remedio que verle en consulta, lo haré de la forma más distante, despreocupada y sucinta posible. En su caso, va a recibir la atención a la que me obliga la legalidad, que dista mucho de ser "la mejor atención posible" como hasta ahora ha sido, y créame que, si yo voy a sentir dejar de comportarme como me gusta hacerlo y creo que debo hacerlo, más lo va a sentir usted.
Desde su despreciable comportamiento, ha tenido el valor de calificarme como "una mierda de médico". No se imagina lo que le queda por encontrar por ahí.
Pero ya me importa lo mismo que yo le importo a usted.

4 comentarios:

  1. Amén....y yo también ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
    Oleeee....a ver si nos juntamos muchos así y hacemos una medicina de familia de calidad, calidez y orgullosa, pero sin servidumbres ni servilismos.

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    1. Pues claro! Anda, a ver si avisas cuando vengas al pueblo, coincidimos, desvirtualizamos y hablamos un poco. Gracias por el comentario

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    2. oK. pORFA, pásame tu mail y móvil a mi mail: makyyo "jarrowa"gmail.com (lo pongo así para evitar las capturadoras automatizadas de webs...)

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  2. pilarter70 arroba hotmail.com, y por allí nos pasamos los teléfonos, ok?

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