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martes, 29 de noviembre de 2016

También es noviembre el mes de... "deja a mi próstata en paz"

No, técnicamente es el mes de la concienciación sobre el cáncer de próstata, el mes de la salud masculina, le llaman eufemísticamente.

Pero por desgracia, acogidos a esta campaña de concienciación, se plantean actitudes e intervenciones con las que no concuerdo, por ser más dañinas que beneficiosas.

Una, el "análisis de la próstata". Así llaman de forma coloquial al PSA, antígeno específico prostático. El uso de este marcador tiene su sitio, y no es la detección precoz o cribado del cáncer de próstata.
Porque puede estar normal, y aun así haber un cáncer de próstata. Y puede estar elevado, y no haberlo. En hombres sin síntomas, estamos hablando.
Con eso, si del resultado no voy a deducir nada firme, ¿para qué vale hacerlos? Para nada. Por eso han dejado de hacerse. O deben dejar de hacerse, en hombres asintomáticos, con intención de detección precoz. Ya hace un tiempo os hablaba sobre esto. Y también hace más tiempo todavía.

Dos, "chequeos" de salud. Los chequeos de salud son cosa del siglo pasado, chicos. Ni previenen nada, ni curan nada, ni anticipan nada. Pero un chequeo preventivo que incluya un tacto rectal es el colmo de los colmos. Porque en líneas generales, es desagradable para los hombres, incluso lo perciben como una cosa agresiva (ojo, que a las mujeres tampoco les gusta, pero estamos hoy con la próstata); y su utilidad es bastante cuestionable, ya que es poco sensible y específico (detecta poco un tumor que esté, y en demasiadas ocasiones detecta como patológicas próstatas normales), y eso en condiciones óptimas, lo que no siempre ocurre ya que hay una alta dependencia de la pericia del médico explorador.

¿Qué tiene todo esto de malo?
Bueno, efectivamente es posible que se retrase el diagnóstico de un cáncer de próstata hasta que comience a dar síntomas, lo que no suele tener tantas consecuencias ya que es un tumor de crecimiento lento, que responde muy bien a los tratamientos quirúrgicos y de radioterapia, cuando son necesarios, ya que, en ocasiones, lo adecuado es una actitud expectante: vigilar síntomas antes de decidirse por un tratamiento u otro.

Pero también puede ocurrir que estas exploraciones y pruebas den lugar a una sospecha que dé lugar a hacer más pruebas, más agresivas, con más riesgos, algunos de ellos de cierta gravedad, para llegar al final a comprobar que no había ningún cáner de próstata. Incluso, a operarse de tumores que nunca le iban a dar problemas a su portador a lo largo de su vida.
Es lo que se llama sobrediagnóstico, y sobretratamiento. Y puede ser tanto o más dañino que el retraso diagnóstico.
Por eso, ya hace muchas entradas, os contaba qué es la Prevención Cuaternaria,  y la importancia de no dañar por excedernos en nuestros cuidados.

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