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sábado, 7 de enero de 2017

Escépticos, cientifistas, radicales... basta de etiquetas

Estoy harta y aburrida del plan en redes sociales, en concreto Twitter, de la ronda de calificativos y descalificativos que contínuamente se vierten.
No recuerdo haber hablado mal ni insultado a nadie en redes sociales. Y calificativos sabemos poner todos, es fácil y gratis.
Así que hoy me voy a dedicar a explicar por qué no estoy de acuerdo con algunos de los calificativos que se nos asigna a los que creemos que debe haber método científico detrás de las recomendaciones de salud.

Escépticos: la palabra proviene del latín y éste del griego, significando pensativo, reflexivo. Significa que no cree o afecta no creer.
Etimológicamente lo podría considerar hasta un halago. Y no, no creo. No acepto, para la consulta, afirmaciones en las que tenga que creer. Prefiero que me las demuestren.
Pero me da coraje que se utilice de forma peyorativa. Prefiero ser escéptica que crédula, así tendré menos riesgo de errar.

Cientifista: No existe. Los creyentes parecen partidarios de neologismos, y oiga, bien, así evoluciona el lenguaje. Pero no nos hagan comulgar con ruedas de molino. Supongo, y sólo supongo, por si Zet1 o Grr me leen de nuevo, que quieren definir a los que somos partidarios o apoyamos el método científico. Científico: que pertenece, relativo o que se dedica a las ciencias; que tiene que ver con las exigencias de precisión y objetividad propias de la metodología de las ciencias.
Recomendaría, por tanto, a creyentes, pseudocientíficos y falsoterapeutas, que se volvieran más cientifistas. De nada!

Radicales: esto ya empieza a ser un poco más tocapelotas. Término que, por cierto, tampoco existe. No creo que nos quieran decir que somos fundamentales, esenciales, o completos. Más bien creo que quieren decirnos partidarios de reformas extremas, o tajantes e intransigentes.Y sí, he pensado seguir siéndolo frente a quien atente contra la salud, la seguridad de las personas, y encima vengan disfrazados de salvadores de la humanidad. Lobos disfrazados de corderos, hasta el punto de que ya no me importa si lo hacen por el beneficio económico. Mi oposición es de planteamiento, no condicionada.

Deshumanizados, y que vamos contra la ética, la filosofía: es la última perla del Dr. Gervás, que más allá de su opinión respecto a esto, se va radicalizando en sus posturas respecto a casi todo, según vas leyendo sus tuits a lo largo de las semanas: cada vez me recuerda más al chiste ese de "mi psiquiatra me sigue en Facebook y según lee mis estados, va modificando la medicación". Esto le va a caer fatal, ya que él cada vez más parece tender a la Paleomedicina, o Medicina de las Cavernas.

Aquí voy a especificar un poco más: que exijamos respaldo del método científico ante las decisiones sanitarias, no nos hace máquinas, ni menos humanos ni deshumanizados. Nos preocupan los pacientes, somos capaces de cuidarlos, de consolarlos, de ofrecerles apoyo y ternura incluso, llegado el caso, y de tratar no sólo con educación sino con alegría. Nada tenemos en contra de la filosofía, es la perseverancia en el método científico lo que nos parece ético, pero la filosofía o la espiritualidad o las energías en movimiento no tienen cabida ante las decisiones sanitarias. Que no lea Nietszche antes de diagnosticar una Diabetes Mellitus y decidir con qué la trato, no me hace opuesta a la filosofía, simplemente es que cada cosa tiene su sitio.

Soy capaz de elegir el tratamiento más adecuado según la evidencia científica vigente, y después de eso dar un apretón en la mano, o un abrazo, a mi paciente. Y reparto palabras de ánimo sin medida. Simplemente, porque es más agradable hacerlo así. A veces no medico, sólo hay que hablar de la vida y de la aceptación con las personas. ¡Cuidado! ¡Que me pongo filosófica!
La ciencia para lo que hace falta, pero para lo demás, simple conciencia y bondad.
La ciencia no nos robotiza. Ni siquiera nos convierte en seres aburridos.

Me preguntaba Velasco hace poco en "El Club de la Buena Gente" que si hacía rituales en Fin de Año, y le decía que sí. Él se sorprendió, sabiendo mi "tendencia cientifista": pero le expliqué que escribir tres deseos para el año, comerme las uvas sobre el pie izquierdo, etc, no van a hacer que se cumplan. Pero me hace reflexionar sobre mis objetivos para el año que empieza,y qué tengo pensado hacer para que se hagan realidad. Supongo que eso me hace escéptica, reflexiva y autosuficiente, en lugar de esotérica y arriesgarme a que se me bloqueen las energías y se me cierren los chakras, lo que quiera que sean. Y socialmente divertida. Hago eso con mis sobrinos, con mi hija, hablamos de la vida y nos reímos un rato.

Antes que nada, somos personas.


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