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sábado, 19 de octubre de 2013

Hacerse mayor sin tirar la toalla

Por supuesto que no. Aquí nadie tira la toalla así como así.
Y menos por un motivo tan ñoño como hacerse mayor.
Hacerse mayor, cumplir años, envejecer, como se le quiera llamar, más o menos eufemísticamente, Envejecer no es enfermar, ni convertirse en un inútil, ni dejar de tener solución en aspecto alguno.
Envejecer no es más que la influencia en el organismo del inexorable paso del tiempo. Conforme pasa el tiempo la función de los órganos empieza a enlentecerse o deteriorarse, los huesos y articulaciones se deforman y pierden elasticidad, la masa muscular tiende a reducirse.
No digo nada de los cambios externos. Canas, arrugas, deformidades de las manos, las rodillas, de la espalda, pérdida de estatura.
Y el dolor.

No todo el mundo envejece igual. Ello depende de la influencia genética, como tantas cosas. Ya hablamos de la influencia de la genética en nuestra existencia en una entrada reciente. No podemos cambiar nuestros genes, eso ya lo dijimos, pero efectivamente también en el aspecto del envejecimiento podemos influir en cómo nos afecta esa influencia genética.

Y tampoco podemos frenar, hasta la fecha, el transcurso del tiempo.

Finalmente, el envejecimiento lleva a las limitaciones y a la dependencia. Y lo que está en nuestra mano es retrasar todo lo posible esa situación de limitación y dependencia. Lo que es importante, además, es que no hay que esperar a ser mayor para empezar a influir proactivamente en el futuro. Pero si tú que me lees ya tienes unos años, adelante con ello, porque nunca es tarde.

No hay trucos mágicos. La "medicina antiaging" (antienvejecimiento) no es más que una capa nueva de pintura, es para no aparentar que somos mayores. No hay fármacos que retrasen el  envejecimiento, sólo que palien los síntomas de las enfermedades asociadas al envejecimiento. Quiero decir, que el bótox sólo alisa arrugas. Y que si al hacerte mayor tienes demencia, el tratamiento enlentece el desarrollo del deterioro cognitivo y las alteraciones de la conducta. De la demencia, no del envejecimiento.

Ya desde la edad joven, invertir en una vida sana es invertir en una vejez más sana. Evitar el abuso de alcohol, otras drogas, tabaco, llevar una dieta sana y hacer ejercicio moderado de forma habitual.

Por ejemplo: se sabe que la masa ósea (el nivel de calcificación del hueso) en mujeres aumenta hasta los 35 años. Desde esa edad hasta la menopausia se mantiene estable, y a partir de la menopausia declina lentamente hasta bajar a rango de osteopenia y luego osteoporosis. Entonces, ¿vas a esperar a después de la menopausia para cuidar tu ingesta de calcio diario? ¡No! Más vale la pena llevar un adecuado consumo de calcio desde antes de los 35, para alcanzar una óptima masa ósea, mantenerla hasta la menopausia, y cuando entonces comience a declinar, lo hará desde un punto más alto, así tardará más años en alcanzar niveles de riesgo de sufrir fracturas.

Tomar el sol sin protección desde la juventud da lugar a la aparición de manchas y queratosis actínicas que potencialmente degeneran en tumores de piel. Claro que está bien tratarse las manchas y lesiones que aparezcan, pero ¿no será mejor evitarlas usando una protección solar adecuada desde la infancia?

El sobrepeso y más la obesidad no son un problema sólo estético, que también. Pero conforme pasan los años, son un factor favorecedor de la arteriosclerosis (y sus consecuencias cardiovasculares), de la hipertensión, de la diabetes, de la artrosis (y sus dolores, y sus necesidades de intervenciones quirúrgicas sustitutivas por prótesis). No es fácil quitarse más de 40 kilos cuando pasas de los 50, ¿qué tal intentar no cogerlos antes de esa edad? La respuesta está en la dieta mediterránea y el ejercicio.
Otra ventaja del ejercicio: mejora el equilibrio y la coordinación, con lo que se reduce el riesgo de caídas. Aumenta la liberación de endorfinas (las hormonas de la felicidad), con lo  que aleja de la depresión. Mejora la memoria y enlentece el deterioro de las funciones cerebrales superiores. Y si se hace el grupo, encima mejora las relaciones sociales.

Volviendo al título: hacerse mayor sin tirar la toalla. En lugar de eso, úsala para secarte el sudor y...
¡ADELANTE!

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