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lunes, 7 de diciembre de 2015

Una analítica donde salgan las irritaciones

Eso es lo que me pedía una mujer en la consulta el otro día.
Que si no había una analítica que se hiciera ella donde se vieran las irritaciones.

El concepto es pura poesía, aunque sea un poema lastimoso.

Ella sabe lo que le pasa, conoce los síntomas, y conoce el diagnóstico. Seguramente también conoce el tratamiento, aunque supondría una ruptura con todo más grande que una quimioterapia.
Así que no hará el tratamiento.

Se conformaría con que le confirmaran el diagnóstico. Que alguien le dijera que sí, que va de sofocón en sofocón, y que en su vida es todo un sinvivir.
Pero ninguna de sus irritaciones son por problemas propios, sino de los que le rodean. No porque ella no tenga, sino porque no se preocupa de ella misma.

Ojalá hubiera una analítica en la que salieran las irritaciones, te la hacías y colgabas el resultado en la puerta de la nevera, o la ponías debajo del cristal de la mesa camilla. Para que todos la vieran. Porque tú no necesitas que yo te diga lo que te pasa, lo que te hace falta es que lo vean los demás.



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