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miércoles, 4 de diciembre de 2013

Falsas creencias sobre Diabetes (1)

Después de tratar el temas de los errores frecuentes en los conocimientos sobre la hipertensión arterial, abordamos otra enfermedad muy prevalente (ya dijimos, muy frecuente en la población): la diabetes.
Diabetes Mellitus, es su nombre completo. Es la elevación de la glucosa en la sangre, y existen dos tipos: la diabetes tipo I, que es la que aparece en la infancia, y tiene una fuerte influencia genética. O sea, una fuerte influencia hereditaria. El tipo II es el que aparece en el adulto, por agotamiento de la producción de insulina en el páncreas. Esto ocurre de forma progresiva, habitualmente.

Mito 1: Yo no soy diabético, porque no me pongo insulina.
El mecanismo fundamental es la disminución de la insulina circulante, con lo que la glucosa que tomamos de los alimentos no se metaboliza al mismo ritmo, no se utiliza igual, por lo que persiste en la sangre elevada todo el tiempo, aunque hagan horas ya que hemos comido.
Por eso es imprescindible hacer una dieta especial: para regular el aporte de glucosa al organismo a la baja, porque no se utiliza cuando baja la insulina. A veces, al principio, eso es suficiente. Pero la reserva de insulina baja, y hay que darle un "empujón" con medicamentos. Cuando la insulina existente es claramente insuficiente y este mecanismo se agota, es cuando tenemos que aportar la insulina inyectándola.
Realidad: eres diabético desde que se te encontró una glucosa en sangre elevada, aunque no necesites tratamiento de insulina. La dieta en sí misma es la base del tratamiento.

Mito 2: Como me tomo el tratamiento, puedo comer lo que quiera, la pastilla ya lo compensará.
De nuevo, la dieta es la base del tratamiento. Las pastillas ayudan a un metabolismo que está en precario, y si aportas con la dieta más glucosa de la que puedes metabolizar, ni las pastillas podrán con tanto, y la glucosa seguirá elevada.
Realidad: la dieta es la base del tratamiento. Las pastillas no la sustituyen, la complementan.

Mito 3: como lo que quiero, porque como hago ejercicio, lo quemo todo.
Esa afirmación es inaceptable para diabéticos y no diabéticos, pero para diabéticos, menos todavía. Hacer ejercicio quema calorías, pero dependiendo del tiempo, del tipo, y de la intensidad, quemará más o menos calorías, y quizás no alcancen las que has ingerido. Pero se queman calorías, no el daño de una alimentación desequilibrada en cuanto a macronutrientes. El exceso de hidratos de carbono de absorción rápida y de grasas, sobre todo si son saturadas, hace daño al metabolismo, no sólo al recuento de calorías. 400 calorías provenientes de un filete de salmón y un tomate aliñado no tienen nada que ver con 400 calorías provenientes de un donut de chocolate.
Realidad: El ejercicio siempre es beneficioso, más si no intentando compensar catástrofes en la alimentación. Ni haciendo ejercicio, puede un diabético hacer una dieta libre.

Mito 4: no puedo hacer ejercicio, porque cada vez que salgo a andar, vuelvo con la glucosa alta. 
Hacer ejercicio gasta calorías y favorece la utilización de la glucosa en sangre. Pero la deshidratación "concentra" la sangre, incluida la glucosa. Si al llegar a casa te mides la glucosa (te la pesas, que dicen en mi pueblo, y además es técnicamente más correcto) y está elevada, casi seguro que no has bebido. 
Realidad: todo ejercicio de más de 30 minutos de duración exige aportar líquidos. Hay que beber agua para evitar la deshidratación, más aún cuando hace calor, y además mejora el rendimiento durante el entrenamiento.

El próximo día, más... 

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