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sábado, 21 de diciembre de 2013

Las prisas y las urgencias

Prisas y urgencias, dos conceptos que a veces van juntos pero no por ello deben ir revueltos.
Las prisas en las urgencias dan lugar a errores por parte de todos: el paciente y su familia no se explica ni bien ni de forma completa, y el profesional que se precipita, con más probabilidad se equivoca.

Pero no es de ese aspecto del que quiero hablar hoy.
Es de la necesidad de diferenciar tu prisa de tu urgencia.

No es una urgencia que quieras ser visitado porque tienes que entrar a trabajar, recoger al niño del colegio, o tienes otra cita en otro centro sanitario.
No es una urgencia que quieras ser visitado fuera del horario de consulta porque esa es la hora que te viene bien dentro de la apretada agenda de tu día.
No es una urgencia una febrícula de menos de una hora de evolución, no se va a convertir en una neumonía ni la podemos prevenir por examinar antes de que haya síntomas.
No es una urgencia que tengas un retraso de la regla de una semana.
No es una urgencia que se te haya acabado la caja de tu tratamiento habitual.
No es una urgencia que tengas caspita en las cejas la tarde del 24 de diciembre.

Puedo, en todo caso, comprender que tengas prisa. Como yo la tengo en una cola de 5 carros en la caja del supermercado, o esperando mi turno para pasarle la ITV al coche.
Pero tu prisa no convierte tu motivo en urgente.

Por eso te pido respeto para tu médico, que tiene citados a 55 de tus vecinos, y sobre todo a ellos, que por motivos similares, o a veces verdaderamente más urgentes, han cogido su cita, han esperado que llegue la hora, y en muchos casos están en la sala de espera sentados, en silencio, esperando su turno.

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