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sábado, 4 de mayo de 2013

Cuatro niveles de prevención

Prevención: acción y efecto de preparar con anticipación lo necesario para un fin, anticiparse a una dificultad, prever un daño, avisar a alguien de algo.

Parece por tanto, a priori, que la prevención es buena. ¿No? Bueno, pues tiene matices. Nos hemos criado con el refrán "Más vale prevenir que curar", que no porque se diga muchas veces se hace más verdadero.
Más lejos todavía: el médico te habla y no le entiendes. ¿Prevención primaria? ¿Prevención secundaria? ¿Cuántas clases de prevención hay?
Tradicionalmente se hablaba de tres niveles de prevención, muy recientemente se ha acuñado un cuarto término, que de tan reciente no está siquiera en mente de toda la comunidad médica, cuanto menos forma parte de la cultura popular.
Vamos a ir aclarando ideas, para que las consultas y los programas de televisión y radio sobre salud dejen de ser un galimatías:

Prevención primaria:  son las actividades encaminadas a EVITAR QUE APAREZCA una enfermedad. comprende la Promoción de la Salud, que son las medidas de fomento y defensa de la salud de los individuos de una comunidad. Por ejemplo, las campañas anti-tabaco; también la Protección Específica de la Salud, como la Salud Ambiental (fluoración de la red de agua pública) y la Higiene Alimentaria (controles veterinarios en los mataderos). Otro aspecto es la quimioprofilaxis, que es la administración de fármacos para evitar que aparezca una enfermedad,como cuando tomamos antibióticos para no contagiarnos de malaria para viajar a países donde esta enfermedad es endémica.

Uno de los instrumentos de la promoción de la salud es la Educación para la Salud, que transmite información sobre condiciones sociales, ambientales, económicas que influyen sobre la salud, además de sobre factores y comportamientos de riesgo para sufrir determinada enfermedad, y sobre el uso de los servicios de asistencia sanitaria; pero no sólo transmite información, sino que fomenta la motivación, la adquisición de habilidades personales y la autoestima necesarias para que los individuos adopten las medidas protectoras y de mejora de la salud.
Por ejemplo: este blog intenta hacer protección para la salud: os informa, os explica, ¿os motiva? ¿cómo lo mejoramos entre todos?

Prevención secundaria: son los programas de detección precoz: es decir, intentan diagnosticar una enfermedad antes de que que aparezcan sus síntomas. Pero no cualquier enfermedad, ni cualquier intervención sanitaria: para que sea eficiente, debemos hablar de una enfermedad con una historia natural conocida, con un periodo pre-sintomático prolongado, durante el cual haya un tratamiento eficaz y curativo, sin el cual la enfermedad empeore la calidad o acorte significativamente la vida.
La prueba a realizar ha de ser fácil, segura, sencilla, coste-eficiente (que no es lo mismo que barata), bien aceptada por médicos y pacientes, y con validez probada por método científico (explicar estos conceptos se salen de los objetivos de este blog....). Por ejemplo: la realización de citologías periódicas (cada tres años) desde los 25 años hasta la menopausia. La intención de esta prueba, que es inocua, indolora, sencilla, accesible y barata, es la detección precoz del cáncer de cuello de útero y/o de lesiones indicativas de afectación por el Virus del Papiloma Humano, vinculado casi 100% al mismo.

Prevención terciaria. Es cuando el tratamiento está encaminado a paliar, curar una enfermedad o intentar que no vuelva a padecerse. Por ejemplo: cuando se toma una estatina después de un infarto.

Y por último, el cuarto y novedoso nivel de prevención. ¿qué es la prevención cuaternaria? Es el conjunto de actividades sanitarias encaminadas a atenuar o evitar las consecuencias de una atención sanitaria innecesaria o excesiva. Porque a veces las expectativa sobre la prevención es desproporcionada, o se consideran preventivas actividades que realmente no lo son; en resumen, porque no siempre es mejor prevenir que curar. En esta línea, queda en cuestión la prevención de la osteoporosis, la menopausia tratada con estrógenos (para empezar la menopausia no es una enfermedad), o la prevención de las fracturas con bifosfonatos, el uso de tratamientos para el colesterol después de los 65 años si no es como prevención secundaria, el "chequeo anual" que ni detecta nada ni previene nada, las mamografías antes de los 50 años (hay quien también las cuestiona después de dicha edad como programa de cribado), los "protectores de estómago" (que tampoco lo son) cuando se toman "muchas pastillas", y así tantas y tantas cosas. Conscientes de que a veces la actitud del sanitario es de "encarnizamiento terapéutico", cada vez son más las voces que claman por una actitud más sensata, más natural, y basada en guías de práctica clínica, no vaya a ser que "sea peor el remedio que la enfermedad".

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