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sábado, 12 de abril de 2014

Que no medicalicen tu vida (II)

Como terminábamos diciendo el otro día, la medicalización de la vida no se refiere sólo a los tratamientos.
También al uso de pruebas complementarias.
A ver, clarifiquemos: las pruebas complementarias son, como su mismo nombre indican, complementos a la exploración que se realizan para aumentar la certeza diagnóstica, y que se solicitan de forma orientada por los datos obtenidos de la exploración previa, si es que son necesarios en las circunstancias de la persona.
Y hay revisiones que no hay que hacerlas continuamente, su uno o una está sano: es decir, si no hay nada que revisar.
Así que hoy me voy a conformar con poner algunos ejemplos a modo ilustrativo:
No necesitas una radiografía sólo porque te duela la espalda. Los dolores no salen en las radiografías. Tu médico sabrá si las necesita para confirmar o descartar su sospecha diagnóstica, si la tiene, fruto de la exploración.

No hay que hacerse análisis de sangre “porque no se ha hecho uno nunca”. Ni a los niños “a ver cómo tienen el hierro”. Mami, si el niño hace bola en la boca con la carne y no la traga, y por eso ya no se la pones, y en lugar de eso le das un vaso de leche “para que tenga algo de alimento en el cuerpo” claro que tendrá el hierro bajo. Para eso no necesito el análisis.

No todos los hombres han de mirarse la próstata. Ni los supuestos “expertos” terminan de ponerse de acuerdo en qué franja de edad resulta útil o perjudicial como cribado del cáncer de próstata. Así que, hasta que haya suficiente evidencia de calidad al respecto, el análisis de PSA está en entredicho. Claro que como es un análisis de sangre, se lo pides al médico. Si la prueba de cribado fuera el tacto rectal, quisiera yo ver si insistirías en hacértelo salvo que fuera estrictamente necesario.

Señoras, no hay que ir al ginecólogo todos los años porque sí. Si no estás enferma, ¿qué haces en la consulta de un especialista? Tu médico de cabecera hará las pruebas de cribado que precises, y no dudes que te enviará cuando sea necesario. Es decir, cuando tengas un problema o potencial problema de salud.
Hace ya muchos años que se demostró que los “chequeos anuales” de las personas sanas no valen para nada. Ni previenen nada, ni anticipan nada. Insisto, no desees hacerte pruebas “por ver”. Menos aún si son de alguna forma agresivas o peligrosas para el organismo.

Y es que todas, absolutamente todas, hasta la más inocua, conlleva un daño potencial: el falso positivo. Que te digan erróneamente que hay algo donde no hay nada, y eso te lleve por un camino de más pruebas o tratamientos cada vez más agresivos, sufrirlos, pasar miedo, dolor, o incomodidades por nada.

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