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miércoles, 10 de abril de 2013

la comba, el hulahop, el cortahilos y otros tesoros perdidos

Llego al consultorio a las tres de la tarde, y pocos minutos después aparece por la consulta una "pacientita", sujetándose un brazo con la mano contraria. Y pienso "ya se cayó, vamos a ver si no se ha partido nada".

Cuál es mi sorpresa, cuando su mamá me cuenta que ha estado jugando a la comba en la clase de Educación Física, y que ha llegado a casa con dolor en el hombro derecho, cada vez más, y que ha llegado al punto de que no puede moverlo apenas nada.

¿¿¿¿Cómo?????

¡¡¡¡Digo!!!! Exploro a la pequeña, y tiene el hombro casi congelado. No me lo puedo creer, y por eso escribo esta entrada. Si una niña de 8 ó 9 años, sana por lo demás, se hace una tendinitis de esa magnitud jugando a la comba un rato en clase de gimnasia.... ¿qué hacen nuestros niños? ¿no juegan? ¿no corren? ¿es culpa de la tele, de las consolas, de los móviles, de los ordenadores?

Existe en todo el mundo más avanzado una severa preocupación por la obesidad, entre ellas la obesidad infantil. Hasta se dice que en unos años se espera que el 20% de los niños sufran diabetes. Comen muy bien, mejor que nunca, pero no hacen ejercicio. Pasan casi todas las horas sentados, en el colegio, haciendo los deberes, y luego viendo la televisión o jugando con la consola o en redes sociales. No queman las calorías, con lo que se ponen obesos. No ejercitan sus músculos, con lo que están fofos y débiles. Y se lesionan en lo más tonto.
La comba, el escondite, el cortahilos, juegos de gran actividad física que además desarrollan habilidades sociales, como la obediencia de las normas y la tolerancia al fracaso (aprender a perder, vaya); el hula-hop (tiene una cinturita que ole, ole, que te parece...), el elástico, el teje, el salto a piola, el matar (y a pesar de tener un nombre tan violento la mayoría hemos llegado a adultos sin pisar la cárcel o ir la psicólogo para controlar la ira)... juegos típicos de la infancia de los que ahora somos adultos, y parecen perdidos cuando se tienen que aprender en la clase, en el colegio.

Podríamos entre todos recuperarlos. Con que cada uno enseñásemos un juego a un niño o niña, y ellos a sus amigos, en unos meses podríamos haber recuperado algunas tradiciones infantiles, además de haber pasado algunas tardes divertidas con nuestros hijos, sobrinos, vecinos, da igual, y de paso hacer nosotros mismos también un poco de ejercicio, aunque sea para comprobar que los años no pasan en balde, y decir eso de que "los niños es que son de goma".

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