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miércoles, 24 de julio de 2013

Multar a los padres de los adolescentes borrachos

Esa es una idea para una nueva normativa que se está planteando: la de multar a los padres de adolescentes que repetidamente hayan de ser atendidos en urgencias por comas etílicos. Y alrededor de la noticia han surgido mediante encuestas opiniones para todos los gustos: a favor, en contra, a favor con matices, en contra con matices.
Y es que el tema es más peliagudo de lo que parece a simple vista. Por mi carácter, la primera reacción de mi corazón es ¡pues claro que si! Pero cuando le doy una oportunidad a mi cerebro, la cosa ya no está tan clara.
Voy a reflexionar paso a paso, entonces.

Partamos de varias premisas: el alcohol es una droga. El alcohol es malo para la salud. Ninguna cantidad de alcohol ingerido por un adolescente es aceptable.

La base de la educación se recibe en la familia. La escuela aporta conocimientos. Los individuos se desarrollan en la sociedad. Los adultos son responsables de los menores bajo su tutela. Es esa responsabilidad la que les otorga la autoridad sobre ellos.

¿Hasta aquí todos de acuerdo?

Y en este marco, estamos hablando de adolescentes que beben alcohol, de forma repetida, en cantidades suficientes como para entrar en coma etílico y ser atendidos en urgencias. Me parece que esto no se arregla con una multa. Igual hasta se empeora.
Como dicen en Mentes Criminales, vamos a establecer la cronología:
Un adolescente sale de su casa para ir con los amigos con una cierta cantidad de dinero, al parecer excesiva, puesto que les da como para financiarse un coma etílico, y oye, eso lleva lo suyo. Claro que comprando en supermercados y tiendas de conveniencia sale más barato que en un bar, y además algunos ayuntamientos hasta habilitan una zona para la botellona.
Demos por cierto, por tanto, que encuentran un negocio que vende alcohol a menores, o con suerte, a un mayor de edad que compra para todos sin que el dependiente se pregunte por un segundo para qué quiere un recién-mayor-de-edad botellas como para invitar a media comunidad autónoma.
Cargados con más bolsas que sus madres cuando vuelven del súper el sábado, se van a la zona de la botellona, donde chicos de todas las edades beben sin descanso hasta acabar con todo el stock, con el único fin de emborracharse supongo, ya que la diversión acaba prontísimo, en cuanto comienzan los vómitos. Grandes y chicos, todos mezclados.
Y eso no sólo lleva dinero, sino tiempo. Esos adolescentes menores de edad, están en la calle hasta altas horas de la madrugada.
Y entonces suena el teléfono de sus padres, desde las urgencias de algún hospital o centro de salud, para informarles de que su hijo menor de edad ha ingresado en coma etílico, para que vayan a hacerse cargo de él. Susto y sueño, si es que se han acostado; algunos padres (padres y madres) se quedan levantados hasta que el chico llega a casa "para ver cómo llega". Al llegar a urgencias, preocupación y vergüenza, cómo está mi niño, qué van a pensar estos médicos de la clase de padres que somos.

Y hay dos clases de padres: los que te empiezan a explicar que no pueden con el niño o niña, que hace siempre lo que le da la gana, que ellos le castigan pero que al niño/niña le da todo igual; y los que niegan la mayor, y comienzan a porfiar con que "a su niño/niña le han echado algo en la coca-cola, que es muy deportista y no bebe nunca. Claro que le han echado algo en la coca-cola, mami, ron, ¡y mucho!¡tu retoño no está drogado inocentemente, está borracho porque se ha bebido hasta el agua de los floreros!
Se llevan al chico a casa cuando se recupera, y al día siguiente se levanta después de la hora de almorzar y vomitando, así que van a las urgencias del centro de salud para que le pinchen algo para los vómitos y le manden un "protector del estómago".
Y así, una y otra vez.

¿Esto lo va a arreglar una multa a los padres?
Los adolescentes quizás tengan que demostrar que son lo bastante responsables como para salir a la calle con amigos y con dinero en el bolsillo. Mientras tanto, igual no deben salir, o no llevar esa cantidad de dinero.
Los hay que se escapan cuando los castigan sin salir. Incluso se dio el caso de una chica que denunció a sus padres por castigarla sin salir, y encima ganó y se emancipó de los padres. Lo que no se sabe es qué ha sido de la chica emancipada, que será muy libre, y tendrá un apartado de correos, porque igual el cartero no va debajo de los puentes.
Finalmente, otro desafío a la ya menguada autoridad paterna, y encima apoyada y consentida por la justicia. ¿Dónde estás, Emilio Calatayud?
¿Dinero? Si no les parece su paga suficiente, que se busquen trabajitos y se lo ganen. Veremos si así lo gastan tan alegremente. Que el dinero regalado siempre vale menos...

Es ilegal vender alcohol a menores. Los establecimientos deben pedir el DNI a los compradores,  igual que se hace en muchos países para entrar en un bar. Los establecimientos que venden alcohol a menores deben ser severamente multados por un delito contra la salud pública, como si estuvieran vertiendo gasoil a un río. No sé si limitar el número de botellas por cliente legal, o prohibir la venta y publicidad de "kits de botellona" (botella de whisky o ron, con cola de 2L, saco de hielo y vasos) iría contra el libre mercado, pero en mi opinión también lo hace la subasta del medicamento y ahí está.

Los ayuntamientos que habilitan una zona para botellona el sábado por la noche, y organizan el Día de la Bicicleta el domingo por la mañana, deberían hacer un ejercicio de coherencia y decidir si están a favor o en contra de los hábitos de vida saludable. De nuevo en mi opinión, la botellona debería estar prohibida y perseguida, no protegida y permitida. A ver con qué cuerpo cogen esos chicos la bici el domingo por la mañana. ¿Que eso va contra la libertad de reunión garantizada por la constitución? También va la escandalera que montan contra el derecho al descanso de los demás, y les importa bien poco.

Los padres tienen la responsabilidad y la autoridad sobre sus hijos menores de edad. Deben tener una hora de llegar razonable, deben saber dónde y con quién están, y lo que hacen. Deben hacer respetar su autoridad y conseguir obediencia a las normas. Y eso hay que hacerlo desde pequeñitos, para que cuando sean grandes no tengan dudas sobre quién manda en la casa. Vuelve a mi memoria el bebé de cinco meses que no tomaba fruta porque no la quería (a la que ya he nombrado en algún otro post anterior), y recientemente he hallado otro de dos meses que ya ha decidido que no se quiere poner el termómetro. No sé si me asusta tanta precocidad, o tanta dejadez de sus responsabilidades por parte de los papás.

Y si los papás no pueden con la criatura, han de buscar ayuda profesional, para la conducta del hijo y para la de ellos mismos. Su hijo/hija menor de edad está consumiendo sustancias tóxicas, y si no lo evitan están siendo dejados en sus cuidados y poniendo en peligro su bienestar. Y eso no lo cubre el seguro de hogar como si le rompiera un cristal al vecino jugando a la pelota.
Y reconocer el problema es el primer paso para solucionarlo: negar que el hijo se ha emborrachado y achacar su estado a que le han envenenado y engañado, no ayuda. Vale que eso puede pasar, pero eso no quiere decir nada. Hay que apechugar con la realidad.
Otro Y: Y antes que eso está la crianza de los hijos. Antes que el día de que salgan a la calle, están los muchos años previos en los que hemos debido enseñarles la diferencia entre bien y mal, legal e ilegal, seguro y peligroso, saludable y perjudicial. Para que ese día que salen a la calle sin nosotros, sepan hacer las elecciones correctas, legales, seguras y saludables.

Ahora es el momento en que sale mi lado "House" (mi madre acuñó ese término para mi lado sado-cruel-excesivo) (gracias mami por la creatividad): si lo anterior no fue suficiente, y tu hijo decidió beber hasta entrar en coma, un escarmiento no le hace ningún daño. Yo personalmente soy partidaria de dejarles pasar la resaca "a pelo": con su dolor de cabeza, de barriga, sus vómitos, sus mareos y "tós los avíos" (lo que quiera que sea una resaca, que yo nunca he tenido una). Apechugar con las consecuencias de sus excesos les hará reflexionar antes de repetir. Un buen madrugón con algunas responsabilidades que atender, y un mal cuerpo horroroso les hará recordar el lado negativo de abusar del alcohol. Los chicos reciben en el instituto charlas sobre este tema, no pueden decir que no estén informados.
¿Me he pasado?

Ya puedo volver al tema de la multa. Una multa a los padres no va a solucionar tantos problemas estructurales de base. Habrá muchas familias a las que esa multa, en la situación actual, les suponga un descalabro de la economía de consecuencias imprevisibles. ¿O es que los hijos de familias con posibles son los que se van a poder permitir consumir tóxicos, destrozar su salud, utilizar las servicios sanitarios? Más valdría imponer a los chicos condenas de servicios a la comunidad, que seguro que es fácil encontrar algo que darles para hacer. Ayudar en la residencia de ancianos, recoger la basura de caminos rurales, o mejor aún, limpiar el desaguisado de la botellona de la noche anterior. Leer cuentos a niños hospitalizados, cuidar animales en la perrera municipal, a mí se me ocurren cientos, y no seré yo la más lista del planeta.
La multa no va a hacer que los padres ejerzan mejor su parentalidad. Si pierdes los puntos del carnet de conducir los puedes recuperar con un curso (pagando, eso sí); si pierdes "puntos de padre" igual también se podrían recuperar con actividades formativas sobre autoridad parental, abuso de sustancias en la adolescencia, dinámica familiar, estilos educativos, etc.

Más lento y tortuoso va a ser cambiar la percepción social del hábito de beber alcohol. Pero todo llega. Tengamos fe, aunque no sé si yo lo veré.

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