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sábado, 6 de julio de 2013

No todas las que no comen tienen anorexia

Es el temor más grande de las madres, claro. Bueno, y será de los padres también, si es que están al tanto de si sus hijas comen o no comen. Digo madres, porque esta circunstancia suele darse con chicas que han venido con sus madres a la consulta.
Y curiosamente, no suele ser el motivo de consulta. Parece ser que soy incapaz de controlar el número de motivos de consulta por cada cinco minutos de consulta que considera mi empresa sanitaria ofrecer.
Así, como de paso, de la que se van, te dejan caer que la niña no come nada. Cada vez menos.
Y la niña mirando a las musarañas o al suelo.
Y yo le pregunto a la niña por qué no come.
Y no contesta.
Y yo le pregunto a la niña si me piensa contestar.
Y la niña dice "Y yo qué sé" (sigue mirando al suelo) (con suerte me mira de soslayo pensando "te odio a muerte, déjame en paz con la comida, bruja).

Y entonces es su madre la que explica que no come si se pelea con el hermano, o si se le lleva la contraria, o si se la castiga por suspender Tecnología.

Y entonces a mí me entran ganas de abrirle el coco a la niña y decirle que ya no lo es, que va a al instituto con sujetador con aros y maquillaje, y que tiene edad de comportarse como la medio mujer que se cree que es. Que la comida no es la forma de manipular el ambiente de la familia. Que eso es chantaje emocional. Y que conteste con educación cuando se dirija alguien a ella. Porque claro, si no come se deja de hablar del hermano, de la nota de Tecnología y de la fiesta a la que no va a ir, y se sale con la suya. Aprendiz de histriónica, la chiquita.

Pero no, normalmente sólo le digo a su madre que no tiene mucha pinta de ser anorexia, pero que vengan otro día en consulta de tarde, para que la chica no pierda instituto, y abordamos el tema más despacio.

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