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miércoles, 12 de febrero de 2014

Caries














¡Qué feo! ¿O no?
La caries es finalmente una de las afecciones más frecuentes, si no la más frecuente, junto con el catarro.
Es una infección, cierto. Participan una serie de bacterias en su aparición. ¿Por qué no las tratamos con antibióticos entonces, y las hacemos desaparecer? ¿No podría inventarse una vacuna?

Pues no, realmente. Porque la presencia de esas bacterias, que no son de una sola clase sino varias, es normal en la boca humana: son parte de la flora bacteriana normal, están siempre, y causan las caries sólo cuando se dan ciertas circunstancias.

De esas circunstancias es de las que vamos a hablar hoy, y de cómo influyen en las diferentes fases de formación de las caries.

Empecemos: la flora bacteriana de la boca está ahí normalmente, para ayudar con la digestión, y protege los tejidos de la ocupación de las bacterias patógenas, es decir, las que causan enfermedades.
Cuando se come, el producto del metabolismo de esas bacterias "buenas" es ácido, y esa acidez ataca al esmalte de los dientes, desmineralizándolo. Después del esmalte, ataca a la dentina o más allá, hasta la pulpa, y ya tenemos la caries. La caries duele porque esos tejidos internos del diente tienen sensibilidad.
Mientras más azúcares se comen, más ácida es la placa dental, y más daño hace.
Mientras más tiempo pasa la placa sobre el diente, más daño hace.

Por eso es importante evitar el consumo de azúcares dentro de lo posible, y por eso la importancia de cepillarse los dientes después de las comidas, y de usar hilo dental al menos una vez al día.

El pH de la saliva se esfuerza en contrarrestar esa acidez, pero a veces no da abasto, sobre todo cuando el consumo de azúcares es excesivo o la higiene es deficiente.

La malposición de los dientes, apiñados, favorece la aparición de caries ya que la placa bacteriana se hace estable en rincones poco accesibles donde la limpieza está dificultada.

Ciertamente hay una predisposición genética, y como contra eso no podemos luchar, sólo queda ser especialmente cuidadoso con el resto de los factores para evitar las caries.

Desde que se demostró que el consumo de fluoruros protege de la desmineralización del esmalte, se procedió a la fluoración del agua de abastecimiento de la red, como medida de Salud Pública; esto redujo drásticamente el número de casos de caries, pero claro: no lo es todo.
Al hilo de esto, recordemos que el suplemento extra de fluoruros no ha demostrado beneficio superior, por lo que no están indicados.

Y no sólo los niños mayores y los adultos están expuestos a la caries: también los bebés, desde que tienen dientes, pueden sufrirlas. Por eso la recomendación de no dar alimentos azucarados a los bebés, menos todavía en biberón, no mojar los chupetes en miel o azúcar, por eso la importancia del lavado de dientes lo más precozmente posible, insistiendo después de las comidas y después de la toma de medicamentos, ya que los jarabes suelen ser muy ricos en azúcar para que tengan un sabor agradable y el niño no los rechace.


¿Por qué es importante evitar las caries?
Por evitar el dolor, por evitar la halitosis, por el gasto económico que supone la cadena de empastes, coronas, endodoncias...y posteriormente implantes o dentaduras postizas cuando las piezas empiezan a perderse; por la afectación estética de una boca con piezas en mal estado.

Pero como si esto fuera poco, resulta que las caries, las piezas en mal estado, la patología buco-dental en resumen, es un factor de riesgo, es decir, predispone a la aparición de enfermedades cardiovasculares.
Cuidando la boca, cuidas el corazón.




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