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sábado, 22 de febrero de 2014

lectura crítica, o cómo no zamparse lo primero que nos pongan por delante #nosinevidencia

Internet está lleno de información sobre salud. Demasiado lleno, en mi opinión. ¿Demasiado? ¿Es posible que sea demasiada? Pues sí. Porque se pierde una en un mar de noticias, que a veces son contradictorias. Y eso da lugar a más dudas de las que uno trae, y a desconfianza.
Cuando es cuestión de opiniones, es más que aceptable, incluso deseable, hallar desencuentros. Pueden ser enriquecedores, porque al haber diferentes puntos de vista, podemos mejor formarnos nuestra propia opinión sobre el asunto.

Pero cuando hablamos de información... los datos no son opinables, lo que es, es, no se puede matizar, adaptar o tunear para que se adapte a nosotros.

Y en internet podéis encontrar información en salud útil, contrastada, fiable, y otra no tanto. ¿Cómo distinguirlas? No siempre va a resultar fácil, sobre todo porque si lo que quieres es aprender, es que no sabes lo bastante como para criticar.
Y no todo el mundo está preparado o dispuesto a leer literatura científica. Es muy larga a veces, llena de términos médicos y de datos estadísticos que hacen la comprensión casi imposible.
Pienso... ¿qué haría yo si yo no pudiera recurrir a la literatura científica?

Y de eso os quiero hablar hoy. Voy a utilizar un ejemplo, el más reciente. Un artículo que me manda Paco, mi enfermero. Mi enfermero me refiero al enfermero de familia del cupo del que yo soy médico, no soy su paciente: mi compañero, mi amigo y la mitad más importante de mi equipo.

http://www.saludterapia.com/articulos/generales/a/1702-las-mentiras-del-colesterol.html#axzz2sKtXvF00


Para empezar, la web: una web sobre medicina natural y terapias alternativas. No se les conoce por seguir el método científico, precisamente, así que mal comienzo. No se identifica a la persona o personas que dirigen la página, su formación, no hay datos de contacto.
Si te asomas a conocer el perfil del autor del artículo, encontramos información sobre el número de visitas a sus artículos, cifra a la cual lamento haber contribuido a aumentar. Encontramos un vínculo a un perfil profesional en Jimdo, donde vemos que este señor es de Alemania, de edad incierta, de signo solar Libra, y un currículum de formación plagado de faltas de ortografía que me hacen dudar que haya podido aprender algo en Cambridge.
Me he parado un rato a pensar cómo debe ser ese analizador de sangre no invasivo, y por qué el SAS no lo tiene, con lo bien que debe ir eso sobre todo para los niños, con la penita que da pincharlos, y esos mayores con las venas tan malas...
No satisfecha, lo googleo, y no hallo actividad alguna fuera de su propia web.
Hummmm
Empiezo a leer el artículo, y en una segunda lectura comienzo a hacer búsquedas.
1.- No hallo constancia de la celebración en 2010 de ninguna Feria Internacional de la Dieta Mediterránea.
2.- Este señor tiene conclusiones propias sobre el colesterol, pero no sabemos en qué las basa.
3.- La afirmación sobre el colesterol bueno y el colesterol malo no es una opinión de él, ni un hallazgo propio. Es una realidad. Esas denominaciones no son más que una simplificación para la población general de la acción de la hidroximetilglutarilcoenzimaAreductasa, o sea, del metabolismo de las grasas en el organismo, que a ningún lector no profesional interesa lo más mínimo, y menos con semejantes nombres impronunciables. Quizás no sean las denominaciones más acertadas, pero desde luego son mejores que "el corazón más grande que la caja" y lo de "limpiar las lentillas de las cataratas con láser".
4.- La inflamación de las arterias no puede ser una creencia. Si tiene una hipótesis, debe demostrar que es correcta.
5.- Tampoco se sabe exactamente qué fases de qué procesos ni qué deficiencias orgánicas se inician por esa supuesta acidificación del organismo. Por suerte, el organismo ni se acidifica ni se alcaliniza salvo en gravísimas y excepcionales ocasiones, gracias a un mecanismo regulador del pH que viene de serie en todos nuestros cuerpitos, y que es francamente exacto.
Desde luego, comer pizza precocinada congelada, que no es que sea la dieta ideal tampoco, en absoluto acidifica el organismo. Como mucho, que dé ardores.
6.- Una vez reafirmado en su "conciencia" sobre el colesterol, nos remite a los muchísimos estudios sobre los omega3 de foca concretamente. No valen los omega3 del aceite de lino, no los del pescado... ¿no huele un poquillo a intereses comerciales? Me hace sospechar más aún...
7.- He interrumpido en este punto la lectura para rezar pidiendo que nada ni nadie me impermeabilice las membranas de mis células. Son permeables porque hay cosas en mi cuerpo que deben entrar y salir por ella. Eran permeables cuando nací, mucho antes de saber que existían las focas, cuando mi fuente de omega3 era la leche materna, y desde entonces mis arterias nunca han sido más flexibles. Con X.
8.- Aparece un referente médico: un prestigioso cirujano cardiovascular, del que, una vez googleado, aprendo que perdió su licencia para ejercer la medicina en 2008 después de casi una década de avisos, advertencias, apercibimientos, denuncias y juicios por mala praxis. Se le reconocen más de 5000 intervenciones cardiovasculares, la mayoría de las cuales podrían haberse evitado.
9.- Las dietas no son anti-colesterol. Las dietas, en todo caso, serán pobres en grasas, y prefiriendo las insaturadas a las saturadas, y con omega3 y omega6 equilibrados. Los huevos no son el enemigo. El enemigo es el exceso, como en todo. Las personas que desayunan huevo ingieren menos alimentos a lo largo de las siguientes horas (no del día entero) porque las proteínas son más saciantes que los hidratos de carbono ya que su digestión es más laboriosa. Y la clara de huevo es proteína, básicamente. Pero 2 yemas de huevo contienen casi 800 mg de colesterol, y que hace 10 años fueran 900 mg no lo hace bueno. Sólo menos malo. Comiendo las claras de los huevos nos enriquecemos con sus excelentes y baratas proteínas sin atiborrarnos de colesterol. Contiene triptófano, sí, pero también otros alimentos como la leche, por ejemplo; y tirosina, también presente en muchos otros alimentos.
Son conocidas las propiedades antioxidantes de estos nutrientes. Pero: no se toman sólo en los huevos, de hecho la tirosina la fabrica el propio organismo, así que vamos a no obsesionarnos con ella, y el exceso de proteínas, como en exceso de antioxidantes, también pueden resultar perjudiciales.
10.- La medicina convencional no recomienda dietas ricas en omega6. Recomienda dietas equilibradas entre omega3 y omega 6.
11.- Azúcares refinados y harinas refinadas son hidratos de carbono. No aportan proteínas, ni colesterol ni ninguna otra grasa. No sé cómo han caído en este saco. Si se deben evitar, es por otros motivos.
12.- Aceites vegetales hay muchos, unos más ricos en omega3 y otros en omega6. En general, más saludables que las grasas animales, más aún si no están fritos y refritos.
13.- El problema de las patatas chips y las galletas no son tanto las grasas saturadas, que también como las grasas trans; que como hemos referido en otras entradas, son grasas manipuladas industrialmente, hidrogenadas o parcialmente hidrogenadas de forma que aporten textura y consistencia, así como retraso en la fecha de caducidad, en los alimentos a los que son incorporadas.
14.- Esa ideación paranoide sobre las autoridades sanitarias y el negocio de la enfermedad se lo deben hacer mirar ambos, el Dr. Lundell y el Sr. Ruiz. La información sobre los alimentos está ahí. Las elecciones personales sobre alimentación no son responsabilidad de su caótico sistema de Seguridad Social, sea cual sea; para ser un negocio, les está saliendo un poco deficitario.


Me ha quedado la entrada un poco larga, pero como veis, analizando un poco se separa la paja del grano. Y recuerda siempre, que ante las dudas, tu médico te puede ofrecer respuestas esclarecedoras. Y a lo mejor, con suerte, encima escribe un blog.

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