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sábado, 8 de marzo de 2014

la moda anti-vacunas

Es cierto. En la actualidad circula por el mundo, no sólo en España, una corriente anti-vacunas. El caso es que yo no conozco personalmente a ninguno de sus seguidores, por lo que no he podido escuchar de sus propios labios los argumentos que esgrimen en contra de la vacunación.

Así que me voy a internet, y empiezo a buscar. Al parecer, lo de no vacunar a los niños es un gesto de militancia dentro de una ideología naturalista que rechaza los productos de la industria farmacéutica  (que no les he podido preguntar, pero supongo que también rechazarán el resto de medicamentos, los alimentos envasados, Mcdonald´s, Burger King y similares, vestirán ropas confeccionadas por sus propias manos libres de tinturas y tratamientos químicos de toda clase, se lavarán con jabones que hacen en sus propias casas y no usarán ordenadores, móviles ni ningún otro dispositivo o producto con el que ninguna industria pueda manipularles. Eso sería un gesto de coherencia).

Hace ya un montón de años que nació esta corriente de opinión. Disparada por un artículo que apareció en Lancet en 1998 en el que se relacionaba la vacuna triple vírica con el autismo. Parece que ahí dejaron de leer los militantes, porque unos años después se descubrió que sólo uno de los niños de la lista que se describía sufría autismo realmente (sin suponer una diferencia con lo esperado en la población general), y que el autor había recibido cuantiosas cantidades de dinero por este artículo y por el asesoramiento a las familias; y que debido a esto, Lancet retiró el artículo, y el autor perdió su licencia para trabajar como médico en Reino Unido y Estados Unidos.
Así que los militantes contra una industria farmacéutica de la que creen que anteponen sus intereses económicos a la salud pública, basan sus creencias en un sujeto que antepuso sus intereses económicos a la salud pública.

Lo cierto es que las vacunas son uno de los grandes logros de la salud pública, junto a la potabilización del agua. Previenen enfermedades que pueden llegar a ser graves e incluso mortales.
Algunas de esas enfermedades han sido completamente erradicadas, como la viruela.
Otras, como la poliomielitis, el sarampión, la rubeola, estaban en vías de desaparición, eran extremadamente raras, o al menos mucho menos frecuente, como el tétanos.

Hasta que han empezado a dejar de vacunarse algunos niños. Porque no sólo son esos niños los que están en riesgo de sufrir esas enfermedades, sino los que les rodean. Es lo que se llama la inmunidad de rebaño, o de grupo (que nadie se ofenda por lo "de rebaño"): mientras más individuos estén vacunados, más difícil es que el microbio circule entre la comunidad, por lo tanto más difícil que las personas enfermen. Las vacunas de cada uno, protegen a todos.
Visto desde el otro punto de vista, los papás naturalistas antivacunas pueden permitirse no vacunar a sus hijos porque los demás sí lo hacen. La inmunidad de rebaño mantiene a sus hijos no vacunados parcialmente protegidos. Pero ellos no ofrecen ese beneficio a los demás.

Por eso me parece bien la medida que se va a tomar en Cataluña de hacer firmar a los padres un documento por el que dicen que entienden y asumen las responsabilidades, para sus hijos y para la comunidad, de decidir no vacunarles. Porque sólo queda por ver que demanden a su correspondiente Servicio autonómico de Salud cuando su hijo sufra las secuelas neurodegenerativas de una encefalitis por sarampión. Eso no se lo va a curar ningún producto homeopático.
Por eso me parece bien la medida que se ha tomado en Australia de negar a los padres que no vacunan a sus hijos el beneficio fiscal que hasta ahora recibían por ello. Si sus decisiones perjudican a la comunidad, entiendo que no merecen beneficiarse de la misma.

Otro tema distinto es qué vacunas han de incluirse en el Calendario de Vacunación. Que no es obligatorio, os recuerdo, la responsabilidad y la decisión final es de los padres. Que no es infantil, que el calendario de vacunas se prolonga a lo largo de la vida de la persona, según ocupaciones laborales o circunstancias como viajes, enfermedades crónicas que se sufran, etc.

Hay vacunas que se cuestionan por su eficacia. Se cuestiona todos los años la vacuna de la gripe. Está en la mesa de debates la vacuna del Virus del Papiloma Humano (HPV).
Y no hay que dejar de cuestionarlas. Porque en alguna ocasión, el conocimiento nos llevará a modificaciones que habrá que asumir. Es lo que hablábamos hace pocos días sobre desaprender y reaprender a hacer las cosas.

Y aquí me voy a mojar con una declaración personal. Voy desde aquí a pedir a los papás antivacunas que no aparezcan por el consultorio a la consulta de niño sano. Se les van a indicar vacunas; si los necesitan, y no presionados por la industria farmacéutica, se les van a prescribir medicamentos elaborados por esa misma industria, con indicaciones según la mejor evidencia disponible. Pero si la decisión final va a ser no seguir esas recomendaciones, tampoco quiero tener ningún tipo de responsabilidad sobre los resultados. Coherencia: si van a rechazar el sistema, que lo rechacen por completo. Seguro que serán capaces de encontrar otros médicos con su misma ideología dispuestos a asumir su parte de responsabilidad sobre los resultados en salud de esas decisiones.
Claro que si después vienen los problemas de no vacunar, trataremos a sus hijos lo mejor que sepamos, e intentaremos que el daño sea lo menor posible, que los niños no sufran de por vida las consecuencias de las decisiones de sus padres.

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