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sábado, 15 de marzo de 2014

lesiones musculo-esqueléticas: ¿me pongo frío o me pongo calor?

Pues depende de la lesión, depende de la causa, depende del momento. Hay veces que lo adecuado es el frío, otras veces, lo recomedable es el calor.

De una forma o de otra, como con todos los tratamientos hay que ser prudentes: el exceso de calor o de frío pueden dañar la piel. El frío cerca del ojo puede enturbiar la visión de forma temporal. El exceso de calor en el abdomen de una mujer embarazada puede calentar excesivamente el líquido amniótico, lo que no es bueno para el feto. El exceso de calor en articulaciones protésicas altera los metales de la prótesis, por lo que tampoco es adecuado.

Como consejo general, se usan, tanto el frío como el calor, en periodos cortos (10 minutos aproximadamente) varias veces al día; no de forma directa en la piel, sino por encima de la ropa.
El frío tiene una utilidad relativa, ya que lo mejor que se obtiene de él es la analgesia, y muy precozmente después de la contusión o el esguince.
Aparte de esos casos, en el resto de dolores osteomusculares, el calor suele ser más beneficioso.

Pero no todo es frío o calor. A veces hay que reposar un poco. Un poco solo, y dependiendo de la intensidad del dolor. La recomendación general es no excederse con el reposo, ni en intensidad ni en duración, lo que llevaría a empeoramiento de la funcionalidad. En esa misma línea se aconseja inmovilizar sólo si es imprescindible, si hay inestabilidad en las articulaciones.
Si la intensidad lo precisa, puede ser adecuado acudir a un fisioterapeuta. Tienen un armamento para luchar contra el dolor y la pérdida de función, no sólo los masajes, sino fuentes de calor, dispositivos, sus técnicas y conocimientos, y diferentes herramientas para que te recuperes antes y mejor.

En fin, no hay que acudir al médico a cada golpecito que uno se dé. Pero a veces es necesario. Mientras tanto, espero que estos consejos os hayan resultado útiles.

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