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sábado, 7 de septiembre de 2013

Estoy muuuuuy cansada, ¿será el tiroides?

Así entra más de una por la puerta de la consulta.
En cualquier época del año, pero en verano, más.
Las mujeres más que los hombres. ¿Por qué se cansarán más las mujeres que los hombres?

Pero el último caso no ha sido en la consulta. Ha sido en la farmacia. En mi farmacia, a la que voy siempre, donde vivo. Así que la señora no era mi paciente, ni siquiera la conocía.
Pero al parecer tengo la virtud de aparecer en esa farmacia en los momentos más adecuados, y en ese momento una señora le contaba a Charo, que iba marcando sus medicinas en el ordenador, lo preocupada que estaba por su hija, que estaba muy cansada y el médico (no el suyo, por cierto, sino "una muchacha que estaba sustituyendo las vacaciones") le había dicho que igual tenía hipotiroidismo.

Entonces Charo me pregunta los síntomas que puede dar el hipotiroidismo. Empiezo: cansancio, tendencia al sueño, ronquera, caída de cabello o cabello fino y quebradizo, dificultad para perder peso u obesidad, palpitaciones o vuelcos al corazón...

Y la señora, que se da cuenta de la conversación, llama corriendo a su hija que estaba en la puerta. Entra. Con un bebé en brazos, y un análisis en el bolso. Ir a la farmacia a por una simple caja se ha convertido en una "consulta pasillera" pero vaya, eso da para otra entrada en el blog.

Veo el análisis. Sí, una TSH de 5.04. El límite de la normalidad es 5. Pero ese 0.04 de más no lo nota el organismo. La TSH es la hormona que controla a las hormas tiroideas, y aumenta para que éstas no desciendan, en un intento de compensación. Las hormonas tiroideas están normales. Pero el hierro está bajo, me voy a buscar el hemograma, y hay una leve anemia, tipo ferropénica efectivamente.
Vuelvo a mirar de reojo a la mujer mayor, que me mira con los ojos muy abiertos, con expectación. Y miro a la mujer joven, que está un poco pálida para ser agosto, y con ojeras. Y el bebé, rosado y radiante, está lleno de actividad, rebosa salud.

Y yo fui y le dije que de momento se olvidara del tiroides, que esa pequeña variación no le estaba dando síntomas. Como mucho, que se lo dijera a su médico dentro de unos meses. Y es que en esta zona el agua es pobre en yodo, y los problemas tiroideos frecuentes.
Pero que tenía el hierro bajo, y anemia. Y un bebé en brazos. Y hablando, resulta que come poco, a deshoras, y que no le gusta la carne. Pues claro que tiene el hierro bajo, y claro que está cansada. Para eso casi no hacía falta hacerle un análisis de sangre.
Y le hablé de la distribución de los alimentos a lo largo del día, y de los alimentos ricos en hierro. Y de los ricos en vitamina C, que mejora su absorción. Le dio risa y alegría hablar de chocolate, fresas y mejillones. Y de la importancia de un descanso adecuado.

Yo me quedé tan tranquila, y ella también. Claro que podría haber sido el tiroides, pero una a veces está cansada de no parar ni a mirar lo que una come.

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